El Síndrome Amok como modelo comparado de violencia extrema

,

Veteranos de combate en Estados Unidos y ataques de “venganza contra la sociedad” en China: un análisis dinámico-vincular (2026)

Índice

Índice………………………………………………………………………………………………………………………… 2

Resumen……………………………………………………………………………………………………………………. 4

Abstract…………………………………………………………………………………………………………………. 4

  1. Introducción…………………………………………………………………………………………………………… 6

1.1. Planteamiento del problema………………………………………………………………………………. 6

1.2. Objetivos………………………………………………………………………………………………………….. 6

1.3. Justificación……………………………………………………………………………………………………… 7

1.4. Metodología…………………………………………………………………………………………………….. 7

  1. Marco teórico…………………………………………………………………………………………………………. 9

2.1. El síndrome de amok: origen y evolución del concepto…………………………………………. 9

2.2. Estatus nosológico actual: del DSM-IV a los conceptos culturales de malestar…………. 9

2.3. El modelo dinámico-vincular de la personalidad explosivo-bloqueada………………….. 10

2.4. El trastorno explosivo intermitente y la fisiopatología de la ira…………………………….. 11

2.5. Agresión reactiva e instrumental………………………………………………………………………. 11

  1. Capítulo I. Veteranos de combate y violencia extrema en Estados Unidos……………………. 13

3.1. El trauma de combate como fase de acumulación………………………………………………. 13

3.2. Qué dice la evidencia sobre TEPT y violencia………………………………………………………. 13

3.3. El problema de la estigmatización…………………………………………………………………….. 14

3.4. Lectura desde el modelo amok / explosivo-bloqueado………………………………………… 14

  1. Capítulo II. Los ataques de “venganza contra la sociedad” en China……………………………. 16

4.1. Panorama del fenómeno………………………………………………………………………………….. 16

4.2. El fenómeno “Xianzhong” y la expresión bàofù shèhuì………………………………………… 16

4.3. Factores estructurales señalados por los analistas………………………………………………. 17

4.4. La respuesta estatal: vigilancia y biopolítica del riesgo………………………………………… 18

4.5. Lectura desde el modelo amok…………………………………………………………………………. 18

  1. Análisis comparado……………………………………………………………………………………………….. 20

5.1. Convergencias………………………………………………………………………………………………… 20

5.2. Divergencias…………………………………………………………………………………………………… 20

5.3. Tabla comparativa…………………………………………………………………………………………… 21

  1. Discusión: límites del modelo amok como marco explicativo……………………………………… 22
  2. Conclusiones…………………………………………………………………………………………………………. 24

Referencias………………………………………………………………………………………………………………. 26

Anexo. Nota metodológica sobre las fuentes propias del autor……………………………………… 28

Resumen

El presente trabajo examina el síndrome de amok, descrito clásicamente en la psicología transcultural como una explosión súbita de violencia indiscriminada, precedida de un período de retraimiento y humillación, y seguida de amnesia parcial y de la muerte o inmovilización del agresor, como modelo comparado para el análisis de dos fenómenos contemporáneos de violencia extrema: los homicidios múltiples cometidos por veteranos de combate en Estados Unidos y los ataques denominados “de venganza contra la sociedad” (bàofù shèhuì, popularmente “Xianzhong”) perpetrados en escuelas, jardines de infantes y espacios públicos de China. Se parte del marco dinámico-vincular propuesto por Rodríguez Sutil (1998) sobre la personalidad explosivo-bloqueada y la secuencia de acumulación y descarga de la agresividad, y se lo contrasta con el estatus nosológico actual del amok, reclasificado en el DSM-5 (American Psychiatric Association, 2013) dentro de los “conceptos culturales de malestar”. Se concluye que, si bien el amok ofrece una matriz descriptiva útil, retraimiento previo, descarga desproporcionada, ausencia de objetivo discriminado y desenlace autodestructivo, su aplicación a los casos estudiados debe hacerse con las debidas reservas metodológicas: ni el trastorno de estrés postraumático explica por sí solo la violencia de los veteranos, ni la categoría amok agota la complejidad social, económica y sanitaria de los ataques ocurridos en China.

1. Introducción

1.1. Planteamiento del problema

Cada cierto tiempo, la crónica internacional registra episodios de violencia homicida que comparten un mismo patrón narrativo: un individuo previamente descrito por su entorno como “tranquilo”, “retraído” o “normal” atraviesa un período de acumulación silenciosa de frustración, humillación o desesperanza, y finalmente irrumpe en un espacio público para atacar indiscriminadamente a personas con las que, en muchos casos, no tiene vínculo alguno. El desenlace suele ser la muerte del agresor, por suicidio o por intervención de terceros, cuando sobrevive, una amnesia parcial o total del episodio. Este patrón, que la psiquiatría transcultural documentó por primera vez entre los pueblos malayos bajo el nombre de amok, reaparece hoy en contextos radicalmente distintos: los tiroteos protagonizados por veteranos de las guerras de Vietnam, Irak y Afganistán en Estados Unidos, y los ataques con arma blanca o vehículos perpetrados contra escolares y transeúntes en China, que la opinión pública china ha bautizado informalmente como “Xianzhong”.

La pregunta que orienta este trabajo es si el amok, entendido no como diagnóstico formal sino como matriz descriptiva de un tipo de violencia, permite iluminar aspectos comunes de estos dos fenómenos, aparentemente alejados por su geografía, su marco cultural y sus condiciones sociopolíticas, sin caer en la sobregeneralización ni en el exotismo que históricamente acompañó a la categoría de síndrome ligado a la cultura.

1.2. Objetivos

Objetivo general: analizar comparativamente el síndrome de amok, la violencia extrema asociada a veteranos de combate en Estados Unidos y los ataques de “venganza contra la sociedad” en China, a partir de un marco psicodinámico-vincular.

Objetivos específicos:

  • Reconstruir la evolución histórica y nosológica del concepto de amok, desde su descripción decimonónica hasta su reclasificación en el DSM-5 (2013) como concepto cultural de malestar.
  • Describir el modelo de la personalidad explosivo-bloqueada y la secuencia de acumulación-descarga de la agresividad (Rodríguez Sutil, 1998) como puente teórico entre la psicopatología clínica clásica y el fenómeno amok.
  • Revisar la evidencia empírica disponible sobre la relación entre el trastorno de estrés postraumático (TEPT) de origen combativo y la violencia homicida en veteranos estadounidenses.
  • Caracterizar el fenómeno de los ataques “de venganza contra la sociedad” en China, su tipología, sus factores estructurales y su tratamiento discursivo por parte del Estado.
  • Establecer convergencias y divergencias entre los tres fenómenos y discutir los límites del modelo amok como marco explicativo único.

1.3. Justificación

Desde la clínica, comprender los mecanismos de acumulación y descarga de la agresividad tiene una relevancia directa para la evaluación de riesgo, la prevención y el diseño de intervenciones con poblaciones vulnerables, veteranos con trauma de combate no tratado, jóvenes en contextos de exclusión social extrema, antes de que el ciclo llegue a su fase final. El estudio comparado, además, permite poner a prueba la validez transcultural de un concepto que nació en un contexto etnográfico muy específico y que corre el riesgo de banalizarse cuando se lo usa como etiqueta periodística para cualquier episodio de violencia inexplicable.

1.4. Metodología

Se trata de un trabajo teórico de revisión bibliográfica y análisis comparado de casos, de tipo cualitativo. Se integran tres cuerpos de fuentes: (a) literatura psiquiátrica y psicoanalítica clásica sobre agresividad, personalidad y amok, en particular el modelo dinámico-vincular de núcleos de personalidad de Rodríguez Sutil (1998) y la caracterización clínica del trastorno explosivo intermitente de Bustamante (2013); (b) literatura académica y periodística especializada, en inglés y español, sobre TEPT y violencia en veteranos de combate; y (c) fuentes académicas, periodísticas y de análisis político sobre los ataques de “venganza contra la sociedad” en China, dado que la producción académica en lengua occidental sobre este fenómeno reciente (2024-2025) es todavía escasa y se apoya en gran medida en informes de centros de análisis y prensa especializada. Esta limitación se explicita como tal en el apartado de discusión.

2. Marco teórico

2.1. El síndrome de amok: origen y evolución del concepto

El término amok proviene del malayo meng-âmok, que puede traducirse aproximadamente como “atacar y matar con ira ciega”. Fue documentado por viajeros y administradores coloniales europeos desde el siglo XVIII en la península malaya y en Indonesia, y adquirió notoriedad literaria gracias a los relatos de Rudyard Kipling y, más tarde, a la nouvelle Amok de Stefan Zweig. Clínicamente, el episodio de amok se describe como una secuencia con tres momentos: (a) una fase prodrómica de semanas o meses, caracterizada por retraimiento social, tristeza y rumiación en torno a una ofensa, humillación o pérdida; (b) una fase de descarga súbita, en la que el sujeto, generalmente armado, ataca sin discriminar a las personas que encuentra a su paso, en un estado descrito como de furia ciega o de disociación; y (c) un desenlace que, en la descripción clásica, casi siempre implica la muerte del agresor —por suicidio o por reducción violenta por parte de terceros— y, en los casos de supervivencia, una amnesia parcial o total del episodio (Organización Mundial de la Salud, citada en Ionescu, 1994).

Conviene subrayar, siguiendo a los propios historiadores del concepto, que la fenomenología del amok no permaneció idéntica a través del tiempo: mientras que en los siglos XVI y XVII se lo describía como un acto consciente y hasta ritualizado, vinculado en su origen a un uso militar, el de comandos que cruzaban las líneas enemigas dispuestos a morir causando el mayor daño posible, ya en el siglo XIX las fuentes coloniales lo caracterizan como imprevisible, indiscriminado en cuanto a las víctimas, incluidos familiares y allegados, y desprovisto de una motivación política reconocible. Esta transformación histórica es importante para el argumento del presente trabajo: sugiere que el amok nunca fue una entidad clínica fija, sino una forma de nombrar culturalmente un tipo de violencia cuyo contenido concreto se adapta al contexto social en el que aparece.

2.2. Estatus nosológico actual: del DSM-IV a los conceptos culturales de malestar

El DSM-IV (American Psychiatric Association, 1994) incluía el amok dentro del apéndice de “síndromes ligados a la cultura”, junto con otros veinticuatro cuadros (koro, latah, susto, entre otros), definidos como patrones recurrentes de comportamiento anómalo y de experiencia perturbadora, específicos de una localización geográfica o cultural determinada. Esta categoría recibió críticas sostenidas por su tendencia a exotizar cuadros que, en rigor, podían encontrar equivalentes funcionales en otras culturas —incluida la occidental— bajo otros nombres.

El DSM-5 (American Psychiatric Association, 2013) respondió a esas críticas sustituyendo la noción de “síndrome ligado a la cultura” por la de “conceptos culturales de malestar” (cultural concepts of distress), una categoría más amplia que reconoce tres subtipos, síndromes culturales, idiomas culturales de malestar y explicaciones o atribuciones causales culturales, y que reduce el listado glosado de veinticinco a nueve entradas, entre las que el amok se mantiene. El cambio no es meramente terminológico: implica reconocer que ningún cuadro clínico, incluidos los occidentales, está libre de un modelado cultural en su forma de presentación, y que la pregunta relevante no es si un síndrome está “ligado” a una cultura sino cómo cada cultura moldea la expresión de un malestar que puede tener sustratos psicopatológicos comunes. Esta actualización nosológica es la que habilita, metodológicamente, el ejercicio comparativo que se propone en este trabajo: si el amok ya no se concibe como una curiosidad exclusivamente malaya sino como una de las formas culturales que puede adoptar un patrón más general de descarga violenta, resulta legítimo preguntar por sus equivalentes funcionales en otros contextos culturales, entre ellos el estadounidense y el chino contemporáneos.

2.3. El modelo dinámico-vincular de la personalidad explosivo-bloqueada

Rodríguez Sutil (1998), desde una perspectiva psicoanalítica de orientación vincular e influencia kleiniana, propone un esquema evolutivo de tres prototipos de personalidad organizados según el modo en que cada uno gestiona la agresividad: la personalidad agresiva o antisocial, en la que la agresión se expresa de manera directa y sin culpa; la personalidad explosivo-bloqueada, propia del núcleo confusional, en la que la agresividad se acumula y se bloquea hasta descargarse de forma brusca y desproporcionada respecto del estresor precipitante; y la personalidad rígida u obsesivo-compulsiva, en la que la agresividad se desplaza de forma continua pero indirecta hacia el apego a normas y ordenanzas. El autor traza además un paralelismo con las fases del desarrollo moral descritas por Kohlberg (1964): la personalidad agresiva se correspondería con la moral preconvencional, la explosivo-bloqueada con la moral convencional y la rígida con la moral postconvencional.

La personalidad explosivo-bloqueada es, para los fines de este trabajo, la pieza teórica central: describe sujetos que oscilan entre una autoimagen grandiosa y otra deteriorada, que experimentan una ansiedad de tipo despersonalizante y episódico, y que resuelven la tensión interna mediante una secuencia de acumulación silenciosa seguida de una descarga explosiva, heteroagresiva, autoagresiva o ambas, tras la cual sobreviene el arrepentimiento y, con frecuencia, la fuga o el desplazamiento geográfico. Rodríguez Sutil (1998) señala explícitamente el parentesco de este prototipo con el síndrome amok y con el trastorno explosivo intermitente del DSM, y observa que la elaboración de la culpa en estos sujetos es escasa, predominando en cambio el sentimiento de vergüenza por no haber podido sostener el papel o ideal grandioso que se les exigía, a sí mismos o desde su entorno.

2.4. El trastorno explosivo intermitente y la fisiopatología de la ira

Bustamante (2013) describe el trastorno explosivo intermitente (TEI) como una alteración del control de los impulsos caracterizada por episodios repetidos de agresividad desproporcionada respecto del estímulo desencadenante, con una duración aproximada de treinta minutos, seguidos de un estado de agotamiento, depresión y culpa. A diferencia del amok clásico, que se describe como un episodio único, catastrófico y con desenlace letal, el TEI se define por la repetición de episodios de menor intensidad relativa. La autora recoge hallazgos neurobiológicos que vinculan el trastorno con una reducción del transportador de serotonina, una respuesta límbica desregulada, el estímulo pasa de la amígdala a la respuesta motora sin mediación suficiente de la corteza prefrontal, y niveles elevados de testosterona, lo que sitúa la discusión dinámico-vincular en diálogo con un sustrato neurobiológico plausible, sin que uno sustituya al otro.

2.5. Agresión reactiva e instrumental

Para ordenar el análisis de los casos que siguen resulta útil la distinción clásica, recogida por Bustamante (2013) a partir de Berkowitz, entre agresión reactiva u hostil, una respuesta emocional automática ante una ofensa percibida, acompañada de activación neurovegetativa, y agresión instrumental, planificada y orientada a un beneficio, propia de las personalidades antisociales. El amok, en su descripción clásica, y el patrón explosivo-bloqueado se inscriben con claridad en el primer polo: no hay, en sentido estricto, un cálculo de beneficio, sino la descarga de una tensión acumulada sobre un objeto que en muchos casos es sustitutivo o desplazado respecto del agente original de la ofensa.

3. Capítulo I. Veteranos de combate y violencia extrema en Estados Unidos

3.1. El trauma de combate como fase de acumulación

La hipótesis que organiza este capítulo es que la experiencia de combate prolongado puede operar, en un subgrupo de veteranos, como la fase de acumulación silenciosa que en el modelo de Rodríguez Sutil (1998) precede a la descarga explosiva: exposición reiterada a la amenaza vital, pérdida de compañeros, participación en actos de violencia extrema, y un regreso a la vida civil frecuentemente marcado por el aislamiento, la dificultad para verbalizar la experiencia y la ausencia de rituales sociales de reintegración comparables a los que documentó la psiquiatría transcultural en las sociedades donde se describió originalmente el amok.

Conviene, sin embargo, precisar los términos exactos en los que la evidencia empírica sostiene esta hipótesis, porque es en este punto donde el discurso público tiende a la simplificación.

3.2. Qué dice la evidencia sobre TEPT y violencia

La evidencia acumulada permite sostener tres afirmaciones simultáneas, y ninguna de las tres cancela a las otras. En primer lugar, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) es significativamente más prevalente entre veteranos de combate que en la población general: el Departamento de Asuntos de Veteranos de Estados Unidos estima una prevalencia de entre el 7 % y el 8 % a lo largo de la vida en la población general, cifra que se eleva considerablemente entre quienes prestaron servicio en zonas de combate activo (ABC News, 2018). En segundo lugar, el TEPT constituye un factor de riesgo estadísticamente asociado a la violencia interpersonal —en particular a la violencia de pareja, cuando concurre con otros factores como el abuso de sustancias, el daño cerebral traumático o la exposición a trauma adicional en la infancia (Misca y Forgey, 2017); un estudio de cohorte de base poblacional en Suecia confirmó igualmente una asociación entre el diagnóstico de TEPT y la condena por delito violento, aunque de magnitud modesta y en parte explicada por factores familiares compartidos (estudio citado más abajo). En tercer lugar, y este es el punto que con más frecuencia se omite en la cobertura mediática de los tiroteos masivos, la inmensa mayoría de las personas con TEPT, veteranas o no, no cometen actos de violencia grave, y los veteranos como colectivo presentan tasas de criminalidad violenta inferiores a las de la población civil comparable (NPR, 2017).

Esta aparente paradoja, el TEPT eleva el riesgo relativo de violencia sin que ello implique que la mayoría de quienes lo padecen se vuelvan violentos, es exactamente el tipo de matiz que un modelo de acumulación-descarga permite capturar mejor que una relación causal simple. El trauma de combate no “produce” homicidas: crea, en un subconjunto de casos y en combinación con otros factores de vulnerabilidad (aislamiento social, consumo de sustancias, acceso a armas de fuego, ausencia de tratamiento), las condiciones de acumulación de tensión que, ante un precipitante que puede resultar trivial para un observador externo, una ruptura sentimental, un despido, una notificación de desalojo, desencadena una descarga desproporcionada respecto del estímulo inmediato, aunque proporcional a la carga acumulada durante meses o años.

3.3. El problema de la estigmatización

La literatura especializada advierte de manera consistente contra el riesgo de estigmatizar al colectivo de veteranos a partir de casos individuales de alta visibilidad mediática. Cuando en 2018 el entonces presidente Donald Trump vinculó públicamente el TEPT de un veterano de la Marina con el tiroteo de Thousand Oaks, organizaciones de veteranos como Iraq and Afghanistan Veterans of America calificaron la afirmación de perjudicial, señalando que generalizar a partir de un caso individual invisibiliza tanto a la mayoría de los veteranos que no ejercen violencia como a las causas estructurales, fallas en el acceso a tratamiento de salud mental, demoras en el sistema de Asuntos de Veteranos, aislamiento social tras el retorno, que sí están documentadas como factores de riesgo (ABC News, 2018).

3.4. Lectura desde el modelo amok / explosivo-bloqueado

Leídos con el instrumental conceptual de Rodríguez Sutil (1998), los casos de veteranos que protagonizan episodios de violencia extrema tras el regreso al ámbito civil comparten con la descripción clásica del amok varios rasgos estructurales: una fase previa de retraimiento y sufrimiento silencioso a menudo invisible para el entorno inmediato; un precipitante inmediato que resulta desproporcionado respecto de la magnitud de la respuesta, y que solo se explica atendiendo a la historia de acumulación; y un desenlace que con frecuencia incluye el suicidio del agresor o su búsqueda activa de ser abatido, lo que en la literatura sobre tiradores activos se denomina en ocasiones “suicidio por policía”, un rasgo que reproduce con notable fidelidad el desenlace del amok clásico. Donde el paralelismo se debilita es en la elaboración de la culpa y en el reconocimiento retrospectivo del acto: mientras que el corredor de amok tradicional queda, según las fuentes clásicas, con una amnesia parcial del episodio, no existe evidencia consistente de un correlato disociativo equivalente en los tiradores veteranos contemporáneos, lo que sugiere que la analogía debe tomarse como una semejanza de patrón y no como una identidad de mecanismo.

4. Capítulo II. Los ataques de “venganza contra la sociedad” en China

4.1. Panorama del fenómeno

Desde al menos 2010, China registra episodios recurrentes de violencia indiscriminada contra escolares, dirigidos sobre todo a jardines de infantes y escuelas primarias. Ese año, dos ataques con arma blanca ocurridos en un lapso de tres meses causaron la muerte de quince niños y llevaron al entonces primer ministro Wen Jiabao a ordenar el refuerzo de la seguridad escolar, reconociendo al mismo tiempo la existencia de “tensiones sociales” subyacentes (BBC, 2023). Desde entonces, la prensa internacional ha documentado una sucesión de episodios similares: el ataque con cuchillo cometido en 2010 en Shaanxi por un hombre de 48 años que mató a siete niños con un machete; el ataque de 2017 en Jiangsu, en el que un agresor hirió a 29 niños en un jardín de infantes; el episodio de 2018 en Chongqing, en el que una mujer de 39 años hirió a catorce niños; y una serie de ataques más recientes en Guangxi, Guangdong y otras provincias, varios de ellos con resultado de muerte (BBC, 2023; AP, 2020; Al Jazeera, 2018; The Independent, s.f.).

A diferencia de los tiroteos masivos característicos de Estados Unidos, la legislación china restringe severamente la posesión de armas de fuego, por lo que estos ataques se ejecutan casi exclusivamente con arma blanca, herramientas contundentes o, más recientemente, con vehículos utilizados para embestir a la multitud, como ocurrió en el ataque de Zhuhai de noviembre de 2024, el más letal de la última década, con treinta y cinco muertos (Al Jazeera, 2025).

4.2. El fenómeno “Xianzhong” y la expresión bàofù shèhuì

A partir de 2024, la sociedad china comenzó a referirse a esta clase de ataques con el apodo informal “Xianzhong”, en alusión a Zhang Xianzhong, un caudillo rebelde de la dinastía Ming tristemente célebre por la magnitud de las matanzas que perpetró en el siglo XVII. El apodo funciona como una forma de nombrar, en clave de humor negro y evitando la censura directa, lo que las autoridades chinas denominan oficialmente bàofù shèhuì (报复社会), literalmente “venganza contra la sociedad” (Zhang, 2025; The Soufan Center, 2024). Se trata, según observa Zhang (2025), de un dispositivo discursivo estatal que atribuye la violencia a un agravio personal o a una patología individual, evitando explícitamente cualquier lectura en términos de injusticia estructural o disidencia política.

El año 2024 concentró una serie particularmente intensa de estos episodios: el ataque con vehículo en Zhuhai (35 muertos), la agresión con arma blanca en una escuela vocacional de Wuxi (8 muertos, cometida por un estudiante que no había podido graduarse), y otros hechos en Changde, Beijing, Shenzhen, Suzhou y Shanghái (Asia Society, 2025; China Digital Times, 2024). En enero de 2025, China ejecutó a los responsables de los dos ataques más letales de ese año, en un gesto que el propio gobierno enmarcó como respuesta ejemplarizante (Al Jazeera, 2025; NBC News, 2025).

4.3. Factores estructurales señalados por los analistas

La cobertura especializada coincide en señalar un conjunto de factores estructurales recurrentes en los perfiles de los agresores: desempleo o precariedad laboral reciente, endeudamiento, rupturas matrimoniales o conflictos de pareja, fracaso académico o profesional, y una percepción de injusticia frente a instituciones, empleadores, tribunales, autoridades locales, ante las cuales el individuo no encuentra, o cree no encontrar, un canal legítimo de reclamo. El caso del ataque de Zhuhai, atribuido por la policía a la insatisfacción del agresor con el acuerdo de su divorcio, y el de Wuxi, vinculado al fracaso académico y a un conflicto salarial, ilustran este patrón (Al Jazeera, 2025). Analistas citados por The Soufan Center (2024) y por Asia Society (2025) enmarcan el repunte de 2024 en el contexto de la desaceleración económica china posterior a la pandemia, que habría intensificado la tensión financiera de amplios sectores de la población al mismo tiempo que se estrechaban los canales tradicionales de petición y reclamo ante el Estado.

Un rasgo distintivo, y que resulta especialmente relevante para el objeto de este trabajo, es la elección recurrente de víctimas sin relación personal con el agresor, transeúntes, niños de un jardín de infantes, compañeros de una escuela vocacional, lo que las autoridades y analistas chinos describen explícitamente como violencia “indiscriminada” dirigida contra “la sociedad” en abstracto, y no contra el responsable percibido del agravio original (Zhang, 2025). Este desplazamiento del objeto de la agresión, de la fuente real o simbólica de la ofensa hacia un objeto sustitutivo, más accesible y más vulnerable, reproduce con notable precisión el mecanismo de descarga desplazada descrito por Rodríguez Sutil (1998) para la personalidad explosivo-bloqueada.

4.4. La respuesta estatal: vigilancia y biopolítica del riesgo

La respuesta oficial china a esta ola de ataques incluyó, además de las ejecuciones ejemplarizantes ya mencionadas, la creación de categorías administrativas de vigilancia preventiva, como la de “personas con cuatro carencias y cinco frustraciones” (四无五失人员), un dispositivo de identificación temprana de individuos considerados en riesgo de cometer este tipo de ataques, que ha generado un intenso debate interno sobre los límites entre la prevención sanitaria y la estigmatización o el control social (China Digital Times, 2024). Este debate resuena, salvando las diferencias de contexto político, con la discusión estadounidense sobre el uso del diagnóstico de TEPT como marcador de riesgo para veteranos, examinada en el capítulo anterior: en ambos casos, una sociedad que enfrenta un patrón de violencia poco comprendido tiende a resolver la incertidumbre mediante la creación de categorías de vigilancia sobre poblaciones ya vulnerabilizadas, con el riesgo de reforzar el estigma sin necesariamente prevenir el próximo episodio.

4.5. Lectura desde el modelo amok

El paralelismo entre los ataques “de venganza contra la sociedad” y el amok clásico es, de los tres fenómenos aquí comparados, el más directo y el más reconocido por los propios analistas chinos, que no en vano recurren a una figura histórica: Zhang Xianzhong, para nombrar el fenómeno actual, en un gesto de historización cultural del mismo tipo que dio origen al concepto psiquiátrico de amok. Se observan los tres momentos de la secuencia clásica: una fase prolongada de acumulación de agravios percibidos, frecuentemente ignorados o minimizados por el entorno inmediato del agresor; una descarga súbita e indiscriminada, dirigida a menudo contra los miembros más vulnerables de la comunidad, los niños, lo que maximiza el impacto simbólico del acto sobre “la sociedad” en su conjunto; y un desenlace catastrófico, sea por la detención y ejecución del agresor, sea por su suicidio en el lugar de los hechos. La diferencia más relevante respecto del amok etnográfico clásico es de escala y de mediatización: mientras que el amok tradicional era un fenómeno de comunidades pequeñas, hoy los ataques chinos ocurren en un contexto de hipervigilancia estatal, censura activa del discurso público y viralización descontrolada en redes sociales pese a esa censura, factores que no tienen equivalente en la descripción decimonónica del síndrome.

5. Análisis comparado

5.1. Convergencias

La comparación de los tres fenómenos, amok clásico, violencia extrema en veteranos estadounidenses y ataques de “venganza contra la sociedad” en China, permite identificar un núcleo estructural común que puede describirse, siguiendo a Rodríguez Sutil (1998), como una secuencia de acumulación silenciosa de agravio o trauma, seguida de una descarga súbita, desproporcionada respecto del precipitante inmediato y desplazada hacia un objeto sustitutivo, con un desenlace habitualmente letal para el propio agresor. En los tres casos, además, el entorno inmediato del agresor lo describe, en la fase previa, como una persona retraída, tranquila o incluso ejemplar, lo que subraya el carácter oculto de la fase de acumulación y las dificultades objetivas para la detección temprana.

5.2. Divergencias

Las diferencias son, sin embargo, tan relevantes como las convergencias, y advertir sobre ellas es necesario para no incurrir en un uso metafórico laxo del concepto de amok. En primer lugar, el sustrato etiológico difiere: en los veteranos, el factor de acumulación mejor documentado es el trauma de combate y su elaboración psíquica insuficiente (TEPT); en los casos chinos, los analistas señalan predominantemente factores socioeconómicos, desempleo, endeudamiento, fracaso educativo, sin que exista, hasta la fecha, evidencia sistemática de trauma de combate o militar en la población afectada. En segundo lugar, el instrumento de la violencia está condicionado por el marco regulatorio: el acceso a armas de fuego en Estados Unidos frente a su restricción severa en China explica buena parte de la diferencia en la letalidad y en la logística de los ataques (arma de fuego frente a arma blanca o vehículo). En tercer lugar, el tratamiento discursivo estatal difiere notablemente: mientras que en Estados Unidos el debate público sobre estos episodios es abierto, mediático y objeto de disputa política explícita, en China la discusión está mediada por la censura y por un relato oficial que atribuye la violencia a la patología individual, evitando cualquier interpretación en clave de injusticia estructural (Zhang, 2025). Por último, la amnesia disociativa que forma parte constitutiva de la descripción clínica clásica del amok no cuenta, en ninguno de los dos fenómenos contemporáneos examinados, con evidencia consistente que permita afirmar su presencia; se trata, en el mejor de los casos, de una analogía de forma y no de mecanismo psicopatológico idéntico.

5.3. Tabla comparativa

Amok: Tabla comparativa.

6. Discusión: límites del modelo amok como marco explicativo

Es necesario señalar, con el mismo rigor con que se ha expuesto la utilidad del modelo, sus límites como herramienta explicativa. En primer lugar, existe el riesgo de circularidad: si se define el amok de manera suficientemente amplia, acumulación, descarga desproporcionada, desenlace letal, prácticamente cualquier episodio de violencia extrema terminará ajustándose a ese molde, lo que vacía de contenido específico a la categoría y la convierte en una metáfora antes que en un instrumento diagnóstico o predictivo. En segundo lugar, la evidencia revisada en el capítulo dedicado a los veteranos estadounidenses es enfática en advertir que el TEPT no determina la violencia, sino que la vuelve estadísticamente más probable en presencia de otros factores; extrapolar mecánicamente esta relación probabilística a una relación causal directa, “el trauma de combate produce amok”, sería un error del mismo tipo que el que cometen los medios de comunicación al vincular de forma automática TEPT y tiroteos masivos, error que la propia literatura especializada denuncia como estigmatizante (ABC News, 2018; NPR, 2017).

En tercer lugar, en el caso chino, la escasez de estudios académicos independientes, consecuencia directa de la censura estatal sobre el tema, obliga a apoyar buena parte del análisis en fuentes periodísticas y de centros de análisis político, con las limitaciones metodológicas que ello implica: no es posible, con la información actualmente disponible en fuentes occidentales, establecer con precisión la prevalencia de trastornos mentales diagnosticados en los agresores, ni distinguir con seguridad cuánto del patrón observado responde a una dinámica psicopatológica individual y cuánto a una lógica de protesta social desplazada que el propio aparato estatal chino, por razones políticas evidentes, tiene interés en despolitizar mediante su patologización (Zhang, 2025).

Finalmente, cabe recordar la advertencia que hacía el propio Rodríguez Sutil (1998) respecto de las clasificaciones categoriales: los prototipos de personalidad no son entidades discretas sino tipificaciones útiles para ordenar la observación clínica, y su aplicación a fenómenos sociales de esta magnitud, que involucran variables económicas, políticas y culturales macrosociales imposibles de reducir a la psicología individual del agresor, debe hacerse con la conciencia explícita de que se está trasladando un modelo pensado originalmente para la clínica individual a un nivel de análisis sociológico donde su capacidad explicativa es, necesariamente, parcial.

7. Conclusiones

El síndrome de amok, despojado de su “exótica” lectura originaria y reformulado a la luz de la categoría más amplia de “conceptos culturales de malestar” que introdujo el DSM-5 (American Psychiatric Association, 2013), ofrece una matriz descriptiva razonablemente útil para pensar comparativamente dos fenómenos contemporáneos de violencia extrema, aparentemente distantes: los homicidios cometidos por veteranos de combate en Estados Unidos y los ataques de “venganza contra la sociedad” en China. En ambos casos se reconoce la secuencia de acumulación silenciosa y descarga súbita, desproporcionada y desplazada hacia un objeto sustitutivo, que el modelo dinámico-vincular de Rodríguez Sutil (1998) describió para la personalidad explosivo-bloqueada.

Sin embargo, este trabajo concluye que el valor del modelo amok es principalmente heurístico y descriptivo, no causal ni predictivo. No permite, por sí solo, identificar con anticipación a un futuro agresor, ni sustituye el análisis específico de los factores etiológicos propios de cada contexto —el trauma de combate no tratado y el acceso a armas de fuego en el caso estadounidense; la precariedad económica, la desesperanza social y la restricción de canales legítimos de reclamo en el caso chino. Su principal aporte es clínico y preventivo en un sentido más modesto, pero no menos importante: subraya la relevancia de la fase de acumulación, el período, a menudo prolongado y silencioso, en el que el sujeto da señales de retraimiento, humillación no elaborada o desesperanza creciente, como ventana de intervención posible, antes de que se produzca la descarga final. Detectar y trabajar clínicamente esa fase de acumulación, tanto en el consultorio individual como en las políticas públicas de salud mental, sigue siendo, con las herramientas actuales, más viable que predecir el momento exacto de la descarga.

Como líneas de investigación futura, se sugiere: (a) el desarrollo de estudios empíricos comparados que permitan contrastar sistemáticamente perfiles de agresores en ambos contextos, actualmente inexistentes en la literatura revisada; (b) una revisión crítica, desde la psicología clínica, del uso que los propios Estados, estadounidense y chino,  hacen de categorías de riesgo psiquiátrico con fines de vigilancia, dado que en ambos casos se observó una tensión entre prevención sanitaria legítima y estigmatización de poblaciones vulnerables; y (c) la incorporación de fuentes en idioma chino y de estudios de campo locales, actualmente fuera del alcance de este trabajo, que permitirían matizar la fuerte mediación política que hoy tiene la información disponible en fuentes occidentales sobre los ataques ocurridos en China.

Referencias

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2 Comentarios

  1. tlovertonet

    Exceptional post but I was wanting to know if you could write a litte more on this topic? I’d be very thankful if you could elaborate a little bit further. Thank you!

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    • Javier

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