El lipedema y la linfedema son trastornos corporales que hasta hace pocos años eran confundido con alguna forma de obesidad, lo que generaba un sentimiento de culpa y frustración en los pacientes, la mayoría mujeres, que aun siguiendo las prescripciones de sus endocrinos no conseguían bajar de peso.
Hoy sabemos que no es una cuestión de fuerza de voluntad ni de hábitos poco saludables. La Clasificación Internacional de Enfermedades las inscribe dentro de los: trastornos no inflamatorios del tejido subcutáneo, lo que provoca una acumulación simétrica de grasa o fluidos, sobre todo en piernas, caderas, muslos y brazos. Y aunque sus síntomas más visibles son físicos —dolor, inflamación, moratones—, su verdadero impacto ocurre a nivel psicológico, y aunque el aspecto físico puede ser considerado externamente como bello, las pacientes lo viven de manera traumática, con una total desconexión emocional con su cuerpo.
Impacto Psicológico del Lipedema y Linfedema
Vivir con lipedema o linfedema no significa solo lidiar con el dolor o la limitación de movimiento. Significa enfrentarse cada día a una sociedad que premia la delgadez y castiga las diferencias corporales. Esto provoca una doble victimización:
- Por un lado, los riesgos asociados a la enfermedad.
- Por otro, el prejuicio social de las miradas y consejos ajenos.
No es raro que esta presión se traduzca en una imagen corporal muy negativa, pérdida de autoestima, problemas en las relaciones íntimas y, a veces, en el abandono de la vida social o laboral. Con el tiempo, muchas mujeres desarrollan ansiedad o depresión. Y para empeorar las cosas, el lipedema carece de un diagnóstico sencillo y de un tratamiento definitivo, lo que hace que muchas pacientes se sientan invisibles para el sistema sanitario y el impacto psicológico del lipedema y linfedema sea mayor.
Aspectos psicológicos en el Lipedema y el Linfedema
No existe un protocolo de actuación especifico para este tipo de problemas, por lo que muchos profesionales de la salud tienden a centrarse en la autoimagen negativa que las pacientes tienen (trastorno disfórico corporal). Ya que se ha demostrado que facilita la aparición de crisis depresivas y otros trastornos emocionales.
Ni el lipedema, ni el linfedema son incapacitantes, aunque el tipo de tratamiento que requieren es tan perseverante y continuado que este trastorno crónico genera estados de agotamiento mental y abandono. Incluir los aspectos psicológicos es fundamental en todos los programas de intervención, para:
- Reducir la autoimagen negativa y prevenir trastornos como la dismorfia corporal.
- Aprender técnicas de relajación para manejar la ansiedad en situaciones sociales.
- Detectar y cambiar patrones de pensamiento que generan culpa o frustración.
- Promover conductas que favorezcan la salud física y emocional.
- Identificar patrones de comportamiento negativos. Conductas de riesgo o autodestructivas.
- Prepararse para afrontar crisis, recaídas o momentos de agotamiento.
El entorno: un agente terapéutico en el Lipedema y el Linfedema
Estos trastornos no se viven en soledad, aunque a veces así lo parezca. El apoyo de la pareja, la familia y los amigos marca una gran diferencia. Las diversas formas en las que pueden participar en el proceso son:
Informándose sobre la enfermedad, el proceso terapéutico y los posibles efectos secundarios que puede tener, a nivel físico como psicológico (angustia, apatía, aislamiento social, etc.) sin olvidar que estamos hablando de una afección compleja que varia según la personalidad de cada persona.
Ofreciendo apoyo emocional sincero, un familiar o amigo no va a suplir al psicólogo, pero puede hacer algo que este no puede, involucrarse desde el cariño: “Aquí estoy para lo que necesites, no estás sola”.
Escuchando, pero no juzgando, si no validando. A veces, necesitamos expresar en voz alta los sentimientos. La empatía es la herramienta más valiosa que un ser querido nos puede dar ya que además de escucha habrá comprensión.
Indicando las conductas o estilos de vida incompatibles, dentro de todo proceso hay que incluir las recaídas o los abandonos temporales (dejar de nadar o beber más cantidad de vino). El entorno cercano, es el primero en detectar estos cambios y el que puede reconducir la situación de manera más efectiva.
Acompañando en presencia y emocionalmente. Es habitual que las pacientes no quieran molestar a su entorno y acudan solas a los profesionales que dirigen su tratamiento. Es necesario un cambio de perspectiva, involucrar a familiares y amigos, aporta ese apoyo emocional que en ciertos momentos es tan necesario.
Consejos finales sobre el Lipedema y la vida en general.
Vivir con lipedema es una carrera de fondo. Tendrás días malos, y eso es normal, unos consejos útiles son:
- Ten paciencia contigo misma, perdónate errores.
- Compararse con las demás, solo sirve par torturarse.
- Permítete reconocer que estás agotada o superada.
- Mantén, en la medida de lo posible, tus rutinas y actividades.
- Rodéate de personas que te apoyen y te entiendan.
- Busca ayuda profesional siempre que lo necesites.
Recuerda: el lipedema y el linfedema es parte de tu vida, pero no define quién eres.

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