Creencias sobre las relaciones románticas y los celos
1. Los celos como fenómeno psicobiológico y cultural
Los celos no son exclusivos del ser humano: numerosas especies animales muestran conductas que pueden describirse como celosas. Su origen etimológico es revelador, «celar» significa cuidar con esmero, y en dosis moderadas cumplen una función adaptativa, alertando sobre amenazas reales a un vínculo valorado. El problema surge cuando este potencial se desborda: entonces deja de proteger la relación para destruirla.
Ese «potencial celoso» no se actualiza igual en todas las personas ni en todas las culturas. Factores educativos y de socialización moldean el grado en que los celos derivan hacia sentimientos de posesión y pertenencia sobre la pareja (González Monclús, 2005). Es decir, la intensidad y la forma que toman los celos de un individuo no dependen solo de su temperamento, sino de qué le enseñaron a esperar de una relación de pareja.
2. Celos, violencia de pareja y el papel de las creencias culturales
Un cuerpo de investigación consistente sitúa a los celos como uno de los motivos centrales de la violencia en la pareja, especialmente en sociedades con ideales románticos muy marcados (Buss, 2000; Daly & Wilson, 1988; Dutton, 1998; Harris, 2003). En estas culturas los celos tienen un significado ambivalente: por un lado se condenan como fuente de sufrimiento y de conducta violenta; por otro, se interpretan como una prueba de afecto y compromiso. Un hombre puede cuidar celosamente de su pareja del mismo modo en que cuida su honor, hasta el punto de que ambas cosas resultan, en algunas culturas, casi indistinguibles.
2.1. El estudio Brasil–Estados Unidos: honor y fidelidad femenina
Vandello y Cohen (2003) compararon a participantes de Brasil (cultura de honor) y del norte de Estados Unidos (cultura de dignidad) respecto a cómo evalúan la infidelidad femenina y la violencia como respuesta a ella. Encontraron que, en el contexto brasileño, la infidelidad de la mujer se percibía como más dañina para la reputación del marido, y que la violencia del marido hacia la esposa infiel podía restaurar parcialmente esa reputación ante los demás. Los participantes brasileños no distinguían apenas, en términos de cuánto amaba el marido a su esposa, entre el que respondía con violencia a la infidelidad y el que no lo hacía; los estadounidenses, en cambio, sí consideraban que el marido violento la quería mucho menos. Este mismo grupo de investigadores documentó un patrón similar en el sur de Estados Unidos: normas de cortesía que, paradójicamente, facilitan estallidos de violencia ante ofensas al honor personal (Cohen, Vandello, Puente, & Rantilla, 1999).
2.2. España y Reino Unido: la atribución de responsabilidad
Delgado y Bond (1993) hallaron que la creencia de que los celos son un motivo atenuante para la violencia de pareja estaba más presente en muestras españolas que en muestras británicas. En el ámbito de la violencia doméstica, los participantes españoles tendían a responsabilizar más a la víctima cuando el maltrato se explicaba por celos, mientras que los participantes británicos responsabilizaban más al agresor en la misma situación. Esto no significa que en el Reino Unido los celos carezcan de connotación positiva: incluso en culturas que no se organizan explícitamente en torno al honor, la ambivalencia hacia los celos existe, solo que permanece más alejada de la superficie social.
3. La ambivalencia oculta: el experimento de Puente y Cohen (2003)
Puente y Cohen (2003) diseñaron un estudio con estudiantes universitarios del sur de Estados Unidos para poner a prueba esa ambivalencia. Los participantes escuchaban una grabación de una discusión de pareja: para la mitad, el motivo era los celos; para la otra mitad, un desacuerdo sobre gastos con tarjeta de crédito. Dentro de cada grupo, unos escuchaban al marido responder con enfado calmado y otros con violencia (en un caso golpeando a su mujer, en otro, agrediéndola sexualmente).
Cuando la violencia surgía de una discusión por dinero, los participantes calificaban al hombre como menos cariñoso que si no hubiera usado la violencia. Sin embargo, cuando la misma violencia surgía en un contexto de celos, esa penalización desaparecía: no había diferencia significativa en cuánto se consideraba que el hombre amaba a su esposa. El dato más contundente aparece en la disposición a condenar penalmente la agresión: un 54% de los participantes votaría a favor de condenar al marido cuando la agresión sexual se producía por una discusión de dinero, frente a solo un 28% cuando la misma agresión se enmarcaba en un episodio de celos.
Esto sugiere que el vínculo entre celos y amor no es solo una creencia explícita, sino que opera también de forma más automática: la persona celada puede sentirse valorada y distinguida por los celos del otro, lo cual exige un sistema de valores conscientes que, específicamente, rechace los celos como justificación cuando lo que está en juego es una posible infidelidad.
4. Celos en parejas del mismo sexo
Los estudios sobre celos en parejas homosexuales muestran patrones similares a los de parejas heterosexuales, aunque con una diferencia relevante: entre varones homosexuales, aunque las reacciones violentas no son infrecuentes, las relaciones sexuales transitorias fuera de la pareja tienden a tolerarse mejor que entre varones heterosexuales (Hawkins, 1990; Bringle, 1995).
5. Celos y ruptura de pareja
Las conductas celosas se intensifican con frecuencia tras la ruptura de la relación. Quien se siente abandonado tiende a atribuir la ruptura a la aparición de una tercera persona y, en ocasiones, reivindica de forma peligrosa sus supuestos derechos sobre quien cree que ha motivado el abandono (Daly & Wilson, 1982). A medida que el sentimiento celoso avanza, la relación pasa por cambios cualitativos: la persona celada deja de sentirse halagada, se incomoda, se angustia y finalmente teme la agresión, verbal o física, de quien siente los celos. En este proceso influye tanto la personalidad de quien cela como la de su pareja (Vauhkonen, 1968), y el sufrimiento puede llegar a desestructurar por completo el vínculo: cada miembro vive simultáneamente el amor y el odio, la necesidad de confiar y la desconfianza.
6. Diferencias por sexo en el tipo de infidelidad que más perturba
Varios estudios coinciden en que la infidelidad sexual de la pareja genera menos malestar en la mujer que su infidelidad emocional, mientras que el varón tiende a sentirse más afectado por cualquier acercamiento sexual de su pareja hacia un tercero. Esta asimetría es uno de los hallazgos más citados, y también más debatidos, dentro del marco evolucionista de los celos, y conviene presentarla como una tendencia estadística en muestras concretas, no como una ley universal del comportamiento de «los hombres» o «las mujeres».
7. Celos como mito del amor romántico en la adolescencia
El trabajo cualitativo de Rodríguez Castro y Alonso Ruido (2015), basado en grupos de discusión con adolescentes españoles de 15 a 18 años, aporta evidencia directa de cómo se transmite esta creencia en edades tempranas. En sus discursos, chicos y chicas describen la relación de pareja en términos de confianza, respeto y fidelidad, pero cuando el tema pasa a los celos, aparece con fuerza la idea de que sentir celos equivale a querer a la otra persona; llega a formularse la ausencia de celos como sinónimo de indiferencia. Al mismo tiempo, una parte del grupo introduce matices críticos, distinguiendo entre unos «celos sanos» y otros que consideran destructivos.
Las autoras señalan que son las chicas quienes, en mayor medida, siguen expresando visiones más idealizadas del amor romántico (mitos como el de la media naranja), en línea con estudios previos (Barrón, Martínez-Iñigo, De Paul, & Yela, 1999; Ferrer, Bosch, Navarro, Ramis, & García, 2008; Ferrer, Bosch, & Navarro, 2010). Este dato es clínicamente relevante: de la Peña, Ramos, Luzón y Recio (2011) ya habían observado que la creencia en los celos como prueba de amor, e incluso como requisito de un amor verdadero, está muy interiorizada entre la juventud, y que esa creencia suele emplearse para justificar comportamientos de pareja egoístas, represivos y, en ocasiones, violentos.
En cuanto a la violencia de pareja detectada en el estudio, ninguno de los y las participantes admitió directamente haberla sufrido o ejercido, aunque sí conocían casos cercanos de violencia física leve y violencia psicológica o verbal, atribuida con frecuencia al consumo de alcohol u otras sustancias además de a los celos. Este dato de «conocimiento indirecto» sin reconocimiento propio coincide con otros estudios españoles sobre dating violence: González y Santana (2001) encontraron que un 7,5% de los chicos y un 7,1% de las chicas reconocían haber golpeado o empujado a su pareja alguna vez, y que la violencia verbal era bastante más frecuente (23,9% en chicos, 28,8% en chicas). Muñoz-Rivas, Graña, O’Leary y González (2007) encontraron cifras de violencia verbal aún mayores (60-70%) y un 14% de violencia física, con las formas más severas afectando a un 2,9% de los chicos y un 1,3% de las chicas.
8. Celos, dependencia emocional y autoestima en la adultez emergente
Un segundo grupo de estudios traslada la pregunta desde las creencias culturales hacia los correlatos individuales de los celos, situándolos en el marco de la adultez emergente (18-25 años aproximadamente), etapa de exploración vincular en la que el vínculo de pareja empieza a ocupar, por primera vez, un lugar central en la red de relaciones íntimas (Facio & Resett, 2014; Facio, Resett, Micocci, Rasch, & Iglesia, s.f., citados en Resett, Putallaz, Cuesta, & Gieco, 2024).
Resett et al. (2024), con una muestra de 300 adultos emergentes argentinos en pareja, encontraron un nivel elevado de conductas celosas en general, con las mujeres puntuando más alto que los varones. Además, quienes llevaban menos tiempo en la relación mostraban más conductas de celos, y el factor «intriga» del inventario de celos empleado resultó ser un predictor significativo de la autoestima. Es decir: los celos no son solo un reflejo de inseguridad ya instalada, sino que, al menos el componente de intriga o rumiación, se asocia de forma medible con cómo se valora la persona a sí misma.
En la misma línea, Oyanguren-Casas, Reyes-González y Zegarra-López (2023) propusieron un modelo explicativo con 819 universitarios peruanos en el que la autoestima actúa como predictor, en distinto grado, tanto de la dependencia emocional como de los celos, mientras que la dependencia emocional mantiene una relación moderada con los celos incluso controlando el efecto de la autoestima. Las autoras describen la dependencia emocional como una necesidad afectiva extrema hacia la pareja, orientada a buscar atención constante y a evitar el miedo a la soledad o la ansiedad de separación; los celos, en este modelo, funcionan como una de las expresiones conductuales de esa inseguridad de base. Esto tiene una implicación clínica directa: intervenir sobre la autoestima puede mitigar tanto la dependencia emocional como, indirectamente, la intensidad y frecuencia de los celos.
9. Síntesis
Los datos reunidos hasta aquí dibujan tres niveles que conviene no confundir entre sí:
- Nivel cultural: las creencias compartidas sobre qué es «normal» o «legítimo» sentir y hacer por celos varían de una sociedad a otra (culturas de honor frente a culturas de dignidad), y esas diferencias predicen tolerancia social hacia la violencia de pareja.
- Nivel evolutivo-adaptativo: existen asimetrías estadísticas entre hombres y mujeres en qué tipo de infidelidad genera más malestar, que la psicología evolucionista interpreta como estrategias de conservación del vínculo y la paternidad/maternidad segura.
- Nivel individual/clínico: dentro de cualquier cultura, la intensidad de los celos se relaciona con variables de personalidad, autoestima, dependencia emocional, apego, que son las que en la práctica clínica permiten explicar por qué dos personas de la misma cultura pueden vivir los celos de manera radicalmente distinta.
Los tres niveles interactúan: una cultura que legitima los celos como prueba de amor ofrece un «permiso social» que una persona con baja autoestima o alta dependencia emocional puede usar para justificar, ante sí misma y ante los demás, conductas de control que en otro marco cultural no encontrarían la misma cobertura.
Referencias
Barrón, A., Martínez-Iñigo, D., De Paul, P., & Yela, C. (1999). Romantic beliefs and myths in Spain. The Spanish Journal of Psychology, 2(1), 64–73.
Buss, D. M. (2000). The dangerous passion: Why jealousy is as necessary as love and sex. Free Press.
Cohen, D., Vandello, J., Puente, S., & Rantilla, A. (1999). «When you call me that, smile!» How norms for politeness, interaction styles, and aggression work together in Southern culture. Social Psychology Quarterly, 62(3), 257–275. https://doi.org/10.2307/2695863
Daly, M., & Wilson, M. (1988). Homicide. Aldine de Gruyter.
De la Peña, E. M., Ramos, E., Luzón, J. M., & Recio, P. (2011). Sexismo y violencia de género en la juventud andaluza. Instituto Andaluz de la Mujer, Junta de Andalucía.
Delgado, A. R., & Bond, R. A. (1993). Attenuating the attribution of responsibility: The lay perception of jealousy as a motive for wife battery. Journal of Applied Social Psychology, 23(16), 1337–1356.
Dutton, D. G. (1998). The abusive personality: Violence and control in intimate relationships. Guilford Press.
Ferrer, V. A., Bosch, E., & Navarro, C. (2010). Los mitos románticos en España. Boletín de Psicología, 99, 7–31.
Ferrer, V. A., Bosch, E., Navarro, C., Ramis, M. C., & García, E. (2008). El concepto de amor en España. Psicothema, 20(4), 589–595.
González Monclús, E. (2005). Los celos. [Referencia pendiente de completar: no consta editorial/revista de origen en el texto base].
González, R., & Santana, J. D. (2001). La violencia en parejas jóvenes. Psicothema, 13(1), 127–131.
Harris, C. R. (2003). A review of sex differences in sexual jealousy, including self-report data, psychophysiological responses, interpersonal violence, and morbid jealousy. Personality and Social Psychology Review, 7(2), 102–128.
Muñoz-Rivas, M. J., Graña, J. L., O’Leary, K. D., & González, M. P. (2007). Aggression in adolescent dating relationships: Prevalence, justification and health consequences. Journal of Adolescent Health, 40(4), 298–304.
Oyanguren-Casas, N. A., Reyes-González, A. A. I., & Zegarra-López, A. C. (2023). Autoestima, dependencia emocional y celos: un modelo explicativo en estudiantes universitarios peruanos. Ciencia y Psique, 2(3), 117–137. https://doi.org/10.59885/cienciaypsique.2023.v2n3.05
Puente, S., & Cohen, D. (2003). Jealousy and the meaning (or nonmeaning) of violence. Personality and Social Psychology Bulletin, 29(4), 449–460. https://doi.org/10.1177/0146167202250912
Resett, S., Putallaz, P., Cuesta, D., & Gieco, V. (2024). Conducta de celos y celotipia en el noviazgo, autoestima, diferencias de género y tiempo de relación en adultos emergentes. Acta Psiquiátrica y Psicológica de América Latina, 70(1), 11–21.
Rodríguez Castro, Y., & Alonso Ruido, P. (2015). Análisis de los discursos de los y las jóvenes sobre la violencia en las relaciones de pareja. Revista de Estudios e Investigación en Psicología y Educación, Vol. Extr.(2). https://doi.org/10.17979/reipe.2015.0.02.235
Vandello, J. A., & Cohen, D. (2003). Male honor and female fidelity: Implicit cultural scripts that perpetuate domestic violence. Journal of Personality and Social Psychology, 84(5), 997–1010. https://doi.org/10.1037/0022-3514.84.5.997
Vauhkonen, K. (1968). On the pathogenesis of morbid jealousy: With special reference to the personality traits of and interaction between jealous patients and their spouses. Munksgaard.

Comentarios recientes