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Mi hijo tiene problemas ¿qué hago? 

Para los niño y muchos adultos es complicado expresar lo que siente: puede llorar, reír, enfadarse, pero le costara el expresar de manera coherente que le ha hecho sentirse así. Esto se debe a que las estructuras comunicativas y la comprensión de las emociones requiere una madurez cognitiva, pero que pasa cuando nuestro hijo tiene problemas y no conseguimos saber que le esta pasando. 

El detonante puede venir del colegio, de repente todo son malas notas. Sin duda, algo esta pasando, es lo que en psicología se denomina un síntoma, un indicador de que el niño tiene problemas. Empezamos a buscar respuestas, preguntamos que le esta pasando, si necesita ayuda, y nos encontramos con el silencio, el no saber, la angustia (o el enfado) del que falla en sus estudios. Es momento de analizar de donde viene su malestar, aquí tendremos que hacer una reflexión sobre la situación del niño en el hogar o en las relaciones con la familia, quizás se hace mayor y necesita mas de su padre o madre a los que percibe como ausente. No debemos olvidar que aunque es un niño también tiene un universo fuera de la familia, amigos, compañeros malos, profesores simpáticos, antipáticos, etc., todo son posibles causas de un desequilibrio en su autoestima. De hecho si hacemos memoria aparecerá ese recuerdo doloroso (aun) de cuando éramos niños y alguien hizo un comentario o gesto que nos hizo sentirnos tan mal y es que el proceso de hacernos mayores (por si nos hemos olvidado) da bastante miedo, todo son cambios, y nosotros como padres debemos de estar presentes en su vida, sin agobiarle. El niño debe percibir como si fuéramos una red de protección, que nos interesamos en lo que le pasa y confiamos en sus capacidades.  

Situaciones mas complejas: El hijo síntoma. 

La fase previa es común a todas las familias, sin embargo encontramos situaciones que escapan de las manos de los padres. Ya no es que el hijo muestre síntomas de desconcierto o perdida del control de sus emociones es que es el hijo síntoma, es el reflejo de una disfunción familiar. Niños, constantemente enrabietados, que no paran quietos, siempre haciendo travesuras y que crean un ambiente familiar insostenible. Y es la familia funciona como una unidad, un entre propio que tiene su pasado. El niño síntoma tiene su origen en la concepción, en que circunstancias y que deseo movía al engendrar a ese niño. Podemos verlo claramente en parejas que al ver cercana su separación buscaban en el hijo un pegamento para la relación y ahora es una cadena que fuerza un vinculo no deseado. 

La cuestión sería preguntarse qué hay en nuestra propia historia, en la historia de la pareja que pueda darnos pistas que nos ayuden a aclarar la situación actual. Qué cosas permanecen enterradas y deben ver la luz. Quizás nunca discutamos con nuestra pareja delante del niño, pero el lenguaje corporal, la tensión en el ambiente, es percibida por el menor de manera inconsciente y chocando con la falsa imagen que se intenta dar de que “todo va bien”, creando un conflicto disonante. Puede darse también la paradoja de que el hijo síntoma se convierta al mismo tiempo en el origen del foco de tensión y la liberación de dicha tensión, cristalizando todos los males de la familia y siendo el culpable de que no reine la paz en el hogar. Por lo que no es de extrañar que libere la tensión que se inocula realizando teniendo rabietas, no parando quieto, y haciendo travesuras, que a modo de profecía autocumplida crean un ambiente familiar irrespirable.